Un paisaje distinto en cada campaña
El mismo camino puede contar historias nuevas cuando cambian los cultivos, las tareas y la manera de mirar.
El camino es el mismo, pero la vista cambia. A veces domina una superficie pareja; otras, los surcos y las huellas permiten reconocer el trabajo que acaba de pasar. El campo nunca se deja mirar exactamente de la misma manera.
La narradora de esta historia vuelve a un paisaje que conoce desde chica. Reconoce un alambrado, una curva y una línea de árboles. Sin embargo, lo que encuentra esta vez le propone preguntas nuevas sobre quienes lo trabajan y sobre su propia memoria.
Durante la recorrida se detiene a observar la cosecha. No intenta comparar una campaña con otra. Prefiere acompañar la escena: las distancias entre las máquinas, el polvo que se levanta y el movimiento que continúa cuando deja de mirar.
Hay lugares que parecen familiares porque los recorrimos muchas veces. Volver a prestarles atención es una forma de descubrir que todavía tienen algo para contarnos.

