El trigo marca el ritmo de la mañana
Entre el primer mate y la última revisión, una cuadrilla encuentra su propio tiempo para entrar al lote.
Hay mañanas que se reconocen por un sonido. Una puerta que se cierra, la radio que prueba señal, el motor que queda regulando unos minutos. En el trigo, esos sonidos anuncian que el día está por ponerse en movimiento.
La cuadrilla de esta historia no empieza mirando el reloj. Primero mira el lote. Tomás camina unos metros junto a su padre y vuelve con una observación que se discute entre todos. La experiencia orienta; las preguntas de quien recién empieza también cuentan.
Después llega la primera pasada. El movimiento es continuo, pero la atención cambia de lugar: el frente de la máquina, el terreno, la descarga, el compañero que espera. Ninguna imagen alcanza para mostrarlo todo al mismo tiempo.
Cuando el sol gana altura, el lote ya tiene otro aspecto. Queda por delante una jornada larga y una certeza pequeña: haber encontrado, entre todos, la manera de empezar.

